Cambios en los índices para pastorear a los indexados
La gestión pasiva ha pasado en pocas décadas de ser una alternativa minoritaria a convertirse en la estrategia de inversión dominante. Lo que comenzó como una solución eficiente para reducir costes y evitar los errores recurrentes de muchos gestores activos concentra hoy una parte sustancial del patrimonio invertido en renta variable.
Sin embargo, el éxito de la indexación está alterando los incentivos de los mercados. Cuando una empresa entra o sale de un índice, los fondos indexados se ven obligados a comprar o vender en fechas conocidas y sin prestar atención al precio. Esta previsibilidad permite que otros participantes se adelanten a esos movimientos y obtengan beneficios a costa de quienes replican los índices.
El fenómeno no se limita a las operaciones en mercado secundario. Algunas empresas diseñan sus salidas a bolsa, modifican su estructura o incluso cambian de jurisdicción para maximizar su inclusión en determinados índices y beneficiarse de la demanda automática generada por los inversores pasivos. En esta misma línea, los grandes proveedores de índices han reducido los plazos necesarios para incorporar nuevas compañías tras su salida a bolsa, facilitando que futuras OPV de gran tamaño puedan captar rápidamente el flujo de capital indexado.
La cuestión va más allá de la valoración de determinadas empresas. Los mercados descuentan no solo beneficios futuros, sino también flujos futuros de compra y venta. Cuando existe la certeza de que miles de millones de dólares acudirán obligatoriamente a una compañía pocos días después de su debut bursátil, esa demanda futura termina influyendo en el precio presente.
A ello se añade una consecuencia menos visible: el creciente peso de los fondos indexados en el accionariado de las grandes cotizadas. Al no tener como objetivo analizar empresas ni cuestionar activamente la gestión, su presencia puede reducir los mecanismos de control sobre los equipos directivos y debilitar algunos de los incentivos que tradicionalmente aportaban los inversores activos.
En última instancia, lo que se plantea es una paradoja. La estrategia concebida para proteger al pequeño inversor frente a las ineficiencias del mercado podría estar creando nuevas ineficiencias que otros participantes han aprendido a explotar.
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