El coste oculto de ser predecible al invertir

Hace más de una década, antes del nacimiento de Avantage Fund, viví de primera mano cómo funcionan realmente los mercados cuando el tamaño importa y la información es asimétrica. Como responsable de una gran cartera de deuda pública, nos enfrentamos a una decisión aparentemente sencilla: rotar bonos con importantes plusvalías para asegurar beneficios sin cambiar el riesgo. El reto no era el qué, sino el cómo. Ejecutar ventas y compras por miles de millones no es neutral: si el mercado anticipa tus movimientos, los precios se mueven en tu contra.

El problema surgió al depender, para la ejecución, de una mesa de trading que no solo actuaba como intermediaria, sino que también operaba por cuenta propia. Conocer de antemano nuestras intenciones les daba una ventaja evidente. Se nos propuso una estrategia rápida y agresiva —vender todo y recomprar más abajo— que, bajo la apariencia de inevitabilidad, favorecía sobre todo a quien podía posicionarse antes desde la cartera de negociación. Aunque no logramos cambiar una cultura que normalizaba ese conflicto de intereses, sí conseguimos imponer una forma de ejecutar más inteligente y defensiva.

Optamos por operar mediante switches, combinando ventas y compras simultáneas de bonos con distintos vencimientos. Eso reducía el impacto en mercado, facilitaba mejores precios y limitaba la capacidad de terceros para anticiparse. Además, fragmentamos las órdenes, variamos volúmenes y extendimos las operaciones en el tiempo para hacerlas impredecibles. El objetivo era claro: proteger los intereses de la entidad evitando que nuestra necesidad se convirtiera en la oportunidad de otros.

De esa experiencia extraigo una lección que sigue plenamente vigente. En los mercados, gran parte del beneficio de ciertos intermediarios no proviene solo de su talento, sino del acceso privilegiado al flujo de órdenes. Por eso, tanto inversores grandes como pequeños deben ser discretos. No conviene explicar qué vas a hacer, por qué ni cuándo hasta haber terminado. Cuando un comportamiento es previsible —ya sea en trading, en estrategias copiadas o incluso en inversión pasiva— alguien intentará adelantarse y capturar ese valor. En última instancia, más allá de normas y regulaciones, la primera defensa del inversor es la discreción.

Puedes leer el artículo completo en el blog Rumbo inversor de Juan Gómez Bada en Cinco Días.

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