Más incertidumbre: sin confianza no hay aliados
La OTAN ha sido durante más de 75 años el principal pilar de la seguridad internacional, proporcionando un marco de estabilidad política y militar que ha favorecido no solo la ausencia de grandes conflictos entre potencias, sino también un entorno predecible para economías, empresas e inversores. Sin embargo, en el último año, las tensiones entre Estados Unidos y el resto de los aliados se han intensificado de forma notable, especialmente a raíz de los aranceles, la gestión del conflicto en Ucrania y las fricciones en torno a Groenlandia. Esta pérdida de confianza introduce una nueva capa de incertidumbre que trasciende el ámbito geopolítico y afecta directamente a la seguridad jurídica y al orden internacional.
Ante este contexto, la cuestión clave para el inversor no es anticipar el desenlace, sino asumir que no existe una hoja de ruta clara. Ni siquiera los responsables políticos conocen con certeza el rumbo de los acontecimientos, por lo que resulta fundamental no confundir escenarios con certezas. El enfoque adecuado pasa por trabajar con hipótesis y prepararse para distintos resultados posibles.
Desde la óptica de la inversión, conviene distinguir entre el impacto sobre las personas y sobre las empresas. Mientras que las personas dependen directamente de un marco de seguridad y de un estado de derecho que, si se deteriora, afecta de forma inmediata a su calidad de vida, las empresas operan de forma natural en entornos hostiles y competitivos. El riesgo geopolítico se suma a otras amenazas habituales y, además, suele afectar también a los competidores, lo que limita su impacto relativo.
Por ello, la ventaja competitiva no reside en predecir el futuro, sino en mantener la flexibilidad necesaria para reaccionar. A nivel de cartera, esto implica poder ajustar el riesgo, rotar la exposición geográfica y combinar distintos tipos de activos y divisas. A nivel empresarial, la flexibilidad se refleja en modelos de negocio sólidos y en una clara alineación de intereses entre directivos y accionistas.
Este es el enfoque de Avantage Fund: un fondo mixto flexible global que prioriza la adaptabilidad frente a la predicción y evita refugiarse en liquidez, una estrategia que, en contextos de conflicto, suele erosionar el valor real del capital.
Puedes leer el artículo completo en el blog Rumbo inversor de Juan Gómez Bada en Cinco Días.
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